domingo, 11 de enero de 2026

LA VOCACIÓN NO PAGA EL SALCHICHÓN


VOCACIÓN. RAE.

Del lat. vocatio, -ōnis 'acción de llamar'.

f. Inspiración con que Dios llama a algún estado, especialmente al de religión.

f. advocación.

f. Inclinación a un estado, una profesión o una carrera.

Sin.:

inclinación, afición, preferencia, proclividad, tendencia, aptitud, gusto.

Ant.:

aversión.

f. desus. Convocación, llamamiento.

 

         En estos tiempos difíciles para la Medicina en España, me resulta muy complicado sentarme a escribir y poner en orden todo cuanto desearía decir. Es realmente complicado, por el gran número de frentes que los profesionales médicos tenemos abiertos en estos momentos.

          Hace mucho tiempo que decidí no quejarme públicamente de lo que cobro, ni de lo que trabajo, ni de muchas otras cosas que afectan directamente a mi profesión. No dejé de hacerlo por dejadez, ni por desidia, ni siquiera por el cansancio extremo al que nos ha arrastrado a todos la precaria situación que nos ha tocado vivir. Dejé de hacerlo simple y llanamente porque cada vez me encontraba con más personas que se alegraban de cualquier mal que afectase al médico, como si este fuese la extraña pieza a batir en una cacería absurda y necia diseñada no sé muy bien cómo ni por quien. Lo que sí que me huelo es que en el éxito de la convocatoria tenga bastante que ver el ancestral menosprecio que este país ha cultivado con esmero por las profesiones en las que el esfuerzo intelectual y psicológico prima sobre el físico, (vamos a obviar la fatiga física de pasar 5-10-12 horas de pie en un quirófano, hacer una reanimación en la acera, no dormir durante más de 24 horas seguidas, etc, etc, etc…) A fin de cuentas, la medicina no es para muchos, más que una profesión de gente sentada.

          La verdad es que, durante estos meses de tímidas movilizaciones, (yo siempre he sido un pelín más radical), queda poco que decir que no se haya dicho y escrito ya por compañeros bastante más lúcidos, ejemplares y formados que yo. Ninguna cosa nueva puede aportar esta humilde Médico de Familia, el pobre entre los pobres, el que cuando el profesional del hospital mira hacia atrás halla la respuesta viendo que ese otro médico va recogiendo las hierbas que él arrojó, (que nadie se ofenda por favor, que yo lo que vengo es a hablar del libro de todos, pero me sé mejor el capítulo que va de lo mío), más que un puntito más de soberbia a la inherente a la profesión; que ya se sabe que no hay nada más soberbio que un médico opinador y dispuesto a defender su lugar en el mundo de la sanidad. Como si ese lugar y ese derecho existieran sin pisotear ni ofuscar a los demás, (a veces de verdad que pienso que tendríamos que ponernos soberbios de verdad, no por serlo ni por merecerlo, sino para que algunas personas vivieran en sus propias carnes lo que es trabajar con un compañero soberbio en la realidad de cada día y no solo en sus más lujuriosas fantasías).

          Pero voy a lo que he venido, porque yo me enrollo como una persiana y de lo que yo en realidad quería hablar es de ese concepto que todo el mundo utiliza como arma arrojadiza para ordenarnos trabajar de sol a sol, viendo a las personas como si fueran piedras que tenemos que picar sin descanso para construir como esclavos la magnífica pirámide de la sanidad pública. Ese concepto con el que pretenden insultarnos alegando que nos falta, al que apelan para colgarnos mínimos abusivos en cualquier huelga, para presionarnos y que sigamos sosteniendo lo insostenible un poquito más. Porque ¿qué es de verdad la VOCACIÓN?

          De todas las definiciones que acepta la RAE, nos quedemos con la estrictamente profesional o con todas a la vez, no encuentro en ninguna que la vocación en sí misma se encuentre vinculada a la esclavitud profesional. Que alguien me corrija por favor, si me equivoco.

          No veo en la definición de vocación ninguna obligación o voto que sostenga que aquel que la posea tenga que hacer voto de castidad, obediencia, pobreza… Ni siquiera en la religiosa, ya que la definición deja abierta a cada creencia y orden las condiciones establecidas para el ejercicio de la profesión. Ni siquiera el Estatuto Marco (¡anda!, si no tenemos uno específico), recoge que los sanitarios y en concreto los médicos debamos postergar cualquier ámbito de nuestra existencia ante el ejercicio de la profesión, (cosa que sí hacemos y con demasiada frecuencia).

          Dicho esto, la vocación, como también se infiere de las citadas definiciones, puede y debería afectar a cualquier profesión y no solo a la que nos convenga a nosotros en cada momento. Entiendo que hoy y siempre trabajar en algo a lo que uno se “siente llamado” es un privilegio, pero lo que sin duda es una SOBERBIA, es considerar que existen profesiones vocacionales per se, mientras que otras no lo son. ¿Qué pasaría si yo le dijera al fontanero que por vocación tiene que venir a mi casa a las 12 de la noche, que se me acaba de romper el grifo? O al mecánico que el taller tiene que tenerlo abierto 24-7-365 por si se me estropea el coche… ¿o es que ellos no pueden ser trabajadores vocacionales? Y de ser así ¿Por qué? Yo conozco mecánicos que desde niños han querido serlo, no ingenieros sino mecánicos, porque trabajar con los motores es su pasión y lo ha sido siempre; por poner un ejemplo.

          ¿A qué obliga entonces la vocación en Medicina? Pues a lo mismo que en cualquier otra profesión. A amarla y respetarla, a desear alcanzar los máximos estándares en el ejercicio de la misma. Y eso se traduce en buscar la máxima calidad asistencial, en intentar reiteradamente conseguir que el profesional disponga de tiempo para el estudio y la formación, del tiempo y los medios físicos, psicológicos y materiales necesarios para poder dispensar a los pacientes una atención permanente y de calidad. Garantizar que el profesional se encuentra en las condiciones físicas y psicológicas adecuadas que le permitan el correcto ejercicio de su profesión. En resumen, lo que llevamos años reivindicando sin respuesta por parte de absolutamente ninguna institución, o al menos sin más respuesta que el intento de manipulación y la reiterada falacia de que la vocación nos obliga a olvidar los auténticos objetivos que toda vocación debería llevar implícitos en la profesión médica.

          La segunda cuestión que se me plantea es la puramente económica, con la que con tanta frecuencia se nos ataca; que si somos peseteros, que si solo pensamos en el dinero y que naturalmente desear un sueldo digno y mejor, (sin menoscabo de que los demás también tengan derecho a subidas y mejoras salariales), es por nuestra parte una muestra más de altivez y soberbia. Por supuesto que todo eso taladra profundamente el concepto de vocación. ¡AY NO! Y es que en la definición de la RAE no se dice nada de que la vocación obligue a la gratuidad en la prestación de los servicios.

          La gente considera con frecuencia que el sueldo de un médico es altísimo... siento alegrarles el día a unos pocos envidiosos, pero no es así. Mi sueldo base (SUELDO BASE A1, es de 1.333,40) como Médico de Familia. Todo lo demás son complementos que pueden retirarnos cuando lo consideren oportuno, (por poner un ejemplo se nos retiraron las pagas extras durante la crisis de 2008, y en algunas comunidades solo se ha devuelto a día de hoy una de las dos pagas, vamos, la mitad de la mitad), y cuando alcanza ciertos límites altos es a expensas de horas de trabajo con sacrificios personales y profesionales importantes. De ese sueldo tenemos que descontar gastos “obligatorios” que no existen en otras profesiones como la colegiación, y voluntarios como la ampliación de las coberturas de los seguros de responsabilidad civil, que en algunas especialidades como Obstetricia o Cirugía Plástica, pueden llegar a suponer un importe mayor a un mes de nómina, por no hablar de otros gastos como desplazamientos en Atención Primaria en el propio vehículo en muchas comunidades, libros, formación y un largo etc. en el que habría que incluir los de cuidados de hijos u otros familiares durante las horas de trabajo, especialmente durante las guardias, porque no todo el mundo dispone de alguien que pueda hacer esas funciones gratuitamente, y cuando es así la mayoría de las veces son nuestros pobres padres (que a mayores del sacrificio económico y personal que han hecho para poder darnos estudios, tienen que hacer otro para que podamos trabajar). En el fondo y muy a nuestro pesar ellos son los grandes damnificados de nuestra tan traída y llevada vocación.

          Así que en respuesta a esa segunda cuestión de si con tan solo tener vocación uno y su familia se alimentan, se visten, compran libros, comparten vivencias… Pues no lo encuentro tampoco en la definición, y si no lo encuentro es porque no está. Porque la triste realidad es que los políticos y la sociedad han transformado la vocación en la sanidad en un arma con la que golpear sin piedad, han manipulado su definición para manejar a los profesionales y convencernos de que solo seremos dignos si asumimos un sacrificio sin límites, una auto inmolación en la que arrojar nuestras vidas y las de nuestros seres queridos a la pira de la demanda infinita. 

          Y NO. YA BASTA. Ya basta de aguantar insultos y faltas de respeto. Ya basta de callar todo el tiempo porque no vaya a ser que ofendamos a alguien o que se nos tache de altivos y soberbios. Tenemos un lugar en la sociedad que nos hemos ganado a base de sacrificios, y por RESPETO Y DIGNIDAD hacia nosotros mismos, nuestras familias y nuestros pacientes, no podemos dejar que nos engañen y nos convenzan de que no es así, ni en cuanto al desarrollo profesional ni por supuesto en cuanto al valor económico de nuestra formación y responsabilidad civil y penal. Así que la vocación no paga el salchichón, ni el que alimenta el cuerpo ni el que alimenta el alma.

          NO. LA VOCACIÓN NO PAGA EL SALCHICHÓN.

 

 

 Publicado por Farela

1 comentario:

  1. Cuanta verdad hay en esto pero está montado así muchas cosas tendrían que cambiar 😘😘

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