Cuando los historiadores del futuro,
(ya sean humanos o IAs), hablen o escriban sobre este 2025 que acaba de
concluir, tendrán muchos temas que comentar, independientemente del punto de
vista desde el que lo hagan.
Dirán que el año comenzó apuntando
maneras, como todos, con muertos por manejo irresponsable de la pirotecnia en
Alemania, con nuevos fallecidos por un atropello múltiple, está vez en Nueva
Orleans, y con el nacimiento de un bebé en una patera el día de Reyes,
(magnífica metáfora del mundo en el que vivimos).
Sobre España, supongo que dirán que
este fue el año del apagón, que nos hizo comprobar lo débiles que somos y lo
dependientes que nos hemos vuelto de la electricidad y de las tecnologías; y
del que, a estas fechas, todavía no sabemos con seguridad por qué se produjo.
El año de nuevos incendios
asoladores, y especialmente dolorosos, bajo la desidia y la inacción de
nuestros próceres. Aunque desgraciadamente no fueron los únicos en el mundo, (y
sino que se lo pregunten a los californianos o a los australianos, con el
sacrificio de koalas incluido); Aunque, por su frecuencia anual, ya casi no son
noticia, a pesar de arrebatar vidas, haciendas e ilusiones, de dañar bienes
patrimonio de la humanidad como la Mezquita de Córdoba, y de destruir
espléndidos paisajes naturales.
El año en que hubo de nuevo y hasta el último momento, inundaciones y borrascas devastadoras, (que tampoco fueron las únicas en el mundo), con pérdidas de vidas humanas, (aunque menos que en otros periodos, porque el año precedente ya había cubierto el cupo de sobra), y con enormes pérdidas materiales.
El año de detenciones y procesos
judiciales inauditos, en los que vimos desde interrogatorios nefastos
de jueces machirulos, a comparecer como acusados al fiscal general del estado
(que finalmente fue inhabilitado), al expresidente de la federación española de
fútbol, a antiguos ministros y a sus chóferes, a políticos de todos los
colores, a altos cargos, a familiares e incluso a familias enteras de
políticos, a fontaneras de las cloacas, y hasta a chistorras, lechugas, soles y
dientes.
El año en el que fallaron los trenes una y otra vez, bien por sabotajes y robos de cobre, bien por fallos
informáticos, bien por saturación de pasajeros, bien por errores humanos...
Pero nunca por la mala previsión de los políticos ni de los responsables
directos, en fin...
El año en que, una vez más, hubo
protestas y polémica en Eurovisión, y no por cosas de Divas, sino por la
participación de Israel. Lo que finalmente ha supuesto que nosotros dejemos de
participar.
El año en que la Mina se volvió a
cobrar su cuota de vidas y de sangre en Asturias, (y también en otras partes
del mundo, como en Mali, donde otros dos accidentes en sendas minas arrebataron
la vida a más de 60 personas, muchas de ellas mujeres).
Además, ha sido el año de otras
pérdidas de vidas humanas en derrumbes de naves agrícolas, naufragios de
pesqueros y barcos turísticos, avalanchas, y de las de diversos profesionales mientras trabajaban.
El año en que se descubrió la casa de
los horrores en Oviedo, con tres menores encerrados desde hacía años por sus
progenitores, que no padres, entre basura, medicamentos y maltratos, y donde la
miseria y la maldad humana demostraron que aún pueden dar una vuelta de tuerca
más.
El año en que hubo que repatriar a un
grupo de compatriotas que intentaban trabajar en Libia cuando la situación en
el país norteafricano se volvió más inestable si cabe.
El año en que estalló la crisis de las personas sin hogar en el aeropuerto de Barajas, donde pernoctaban no sólo marginales, sino trabajadores en paro, demandantes de asilo, desahuciados, etc; Y en el que, para nuestra vergüenza, la solución no fue buscarles una vivienda digna, sino dificultarles el acceso primero, y finalmente expulsarlos del aeropuerto, mientras las diferentes administraciones discutían sobre quien tenía que resolver el problema, e incluso finalmente cerrar el centro de emergencia temporal donde inicialmente se les había reubicado. Y que cada uno se vuelva a buscar la vida.
No fue la última expulsión de este tipo, que en Badalona, cerca de Navidad, se desalojó a medio millar de emigrantes obligando a muchos de ellos, en lo más crudo del invierno, a refugiarse bajo un puente, y es que no había sitio para ellos en ninguna posada.
El año en que, a raíz de la dimisión
de Noelia Núñez por el falseamiento de su curriculum académico, hubo una
revisión general de las titulaciones de nuestros congresistas, y donde a más de
uno le sacaron los colores y los títulos de los currículos previamente
presentados.
El año en que siguió sin resolverse
el problema de reparto de menores inmigrantes entre las diferentes comunidades,
dejándole la responsabilidad y el problema a Canarias. Porque a muchos se les
llena la boca a la hora de pedir prebendas para su terruño o al hablar de
solidaridad interterritorial, pero que, cuando hay que arrimar el hombro, dicen
aquello de “pasa tu primero que a mí me da la risa”. Y el año que hubo polémica
sobre la celebración de fiestas religiosas en público.
El año en que, a raíz de la
participación de un equipo israelita en la vuelta ciclista a España, esta estuvo
envuelta en protestas y polémica, llegando a tener que recortar etapas y a
tener que suspender la última, en lo que fue un éxito para los manifestantes
propalestina-antiisrael, y un fracaso para el deporte.
El año que ha sido especialmente
nefasto para las mujeres, pues además de las 47 asesinadas por violencia de
género y de los múltiples casos de acoso y abuso que siguen saliendo a la luz,
ha sido el año en que se han descubierto los defectos en las pulseras
telemáticas de maltratadores, que dejaron a muchas mujeres expuestas y en
peligro; y el año en que se han descubierto los fallos en el cribado del cáncer
de mama en Andalucía, con, posiblemente, más de 2300 mujeres afectadas. Y es
que descuidar la sanidad pública es descuidar la salud. Y la salud es un
derecho, no un privilegio.
El año en que se volvió a filtrar el
contenido del correo de nuestro presidente y de varios ministros, (a saber lo
que les encontraron), en que Fran de la jungla destapó sus miserias y en el que
dejamos de comprar y vender armas a Israel, más o menos.
El año en que los médicos volvieron a
salir a la calle reclamando un estatuto propio, la desaparición de las guardias
de 24 horas y, aunque muchos lo pongan en duda, en defensa de la sanidad
pública y de los pacientes. Mientras salía a la luz el escándalo de ciertas
compañías sanitarias privadas que ponían en riesgo a sus pacientes a costa de
mantener sus beneficios. Y todo eso tras que los consejeros de sanidad de las
comunidades autónomas gobernadas por el PP dejaran plantada a la ministra de sanidad,
aunque más por motivos políticos que sanitarios.
El año en que se cumplió el
aniversario de la DANA y en el que se celebró el funeral de estado por las
víctimas, en medio de dolor, de la tensión, y del cabreo monumental del
personal, lo que finalmente acabó provocando la dimisión de Mazón, no sin
tiempo, pero sí sin explicaciones convincentes.
El año en que el emérito publicó sus
memorias, en Francia, y es que algunos borbones siempre tienden a sus
borbonadas...
El año en que el bullying volvió a
cobrarse otra víctima, y en el que todos volvimos a rasgarnos las vestiduras
después, en lugar de tomar medidas antes.
El año en que se agitó el mundo del espectáculo español con presentaciones espectaculares como Lux de Rosalía, o con sonadas separaciones, como la de los Javis, la de Andy, Lucas y su nariz, o la de Van Gogh y su Oreja, (o con su reencuentro). O con la despedida de los escenarios de Sabina, el poeta de los derrotados, (que no vencidos), y de la voz rota... Pongamos que hablo de Madrid...
El año en que las pandemias animales,
como la gripe aviar y la peste porcina, volvieron a amenazar nuestra industria
ganadera y nuestra economía, tanto la doméstica como la nacional. Y hablando de
pestes porcinas, el año de las denuncias por acoso contra Paco Salazar y contra
otros muchos políticos, (tanto vivos como muertos), y de la filtración de los
audios vergonzosos de Ábalos sobre diferentes mujeres.
El año en que el obispo de Cádiz
dimitió por edad, aunque bajo la sospecha de haber cometido abusos cuando
dirigía el Seminario de Getafe.
Y el año en que el PP volvió a ganar
las elecciones en Extremadura, bajo la mirada vigilante de Vox, esta vez sí que recibiendo la mayoría de los votos.
Y el año en que, definitivamente, se
retiró Nadal y en el que le dieron un merecidísimo homenaje en Roland Garros.
También fue el año del 50 aniversario
de la muerte de Franco y por consiguiente del inicio de la transición.
En el resto del mundo, este año será
recordado por la muerte del papa Francisco, de grata memoria, y por el cónclave
consiguiente en el que fue elegido León XIV, el primer papá estadounidense,
menos mediático y por lo tanto menos controvertido que su predecesor.
Por ser el año en que volvió a tomar
posesión del cargo tras su “reelección” Maduro, y en el que volvió a haber
elecciones en Venezuela en medio de protestas y polémicas.
Por ser otro año en el que se
repitieron tiroteos, apuñalamientos y atropellos múltiples en todo el mundo,
sobre todo, y para no variar, en USA.
Por ser el año en que una mujer
trans, y además española, fue invalidada en los oscars, no por su condición,
sino por antiguas declaraciones, cuando menos, políticamente incorrectas.
El año en que vimos crecer a la
extrema derecha en diferentes elecciones en el mundo.
El año en el que, ante la guerra de
Ucrania y las amenazas de Putin con drones, aviones y demás, se remilitarizó
Europa a niveles similares a los previos a la segunda guerra mundial.
También será recordado por ser un año de grandes terremotos, como el de Kamchatka de 8,8 grados, (lo que es una barbaridad), o el de Myanmar en el que hubo más de 5000 muertos y más de 11000 heridos, o el de Afganistán, donde, aparte de la destrucción y de los más de 2000 muertos y más de 4000 heridos, volvió a salir a la luz la miseria de los talibanes, pues muchas mujeres dejaron de ser atendidas y aún rescatadas por la prohibición de que fuesen tocadas por varones que no fueran de
su familia...
El año de otras múltiples catástrofes,
como la explosión en el puerto de Bandar Abbas en Irán con más de 60 muertos,
incendios como el de Hong Kong con más de 140 fallecidos, o los ya citados de
California y Australia, accidentes aéreos, huracanes, inundaciones y
catástrofes climáticas de todo tipo, y del goteo continuo de inmigrantes
muertos en el Mediterráneo y en el Atlántico.
El año en que robaron en el Louvre
una colección de joyas, poniendo en evidencia sus medidas de seguridad y
generando gran regocijo en los memes y en las redes sociales.
Y sin salir de Francia, el año en que
vimos entrar a un expresidente de la República, Sarkozy, en la cárcel, eso sí,
con el libro “el conde de Montecristo” bajo el brazo, no sé si de forma
reivindicativa de su inocencia o como apuntes para un plan de fuga. No sería el
único expresidente detenido, que poco después vimos en Brasil entrar en prisión
a Bolsonaro, tras ser condenado por golpismo e intentar quitarse el dispositivo
de seguridad de su tobillo.
El año en que Milei ganó su
“plebiscito”, en parte gracias al apoyo de Trump.
El año en que volvió a salir a la luz
toda la vileza de la que es capaz el autoproclamado “Homo sapiens”, al destaparse
los llamados “safaris humanos”, en los que canallas adinerados pagaban por
“cazar” a civiles desarmados en la guerra de Yugoslavia, en Sarajevo. Y es que la
perversidad humana todavía es capaz de sorprendernos, para mal.
El año en que fue elegido como
alcalde de Nueva York un inmigrante, musulmán y socialista, Zohran Mamdani, con
gran disgusto por parte de Trump.
Y el año en que China desplegó un ejército de robots humanoides tanto para la defensa de algunas de sus fronteras como para trabajar en la industria y en las tareas domésticas... “Quo vadis humanitas”.
Pero sobre todo este año será recordado por la
prosecución del genocidio en Gaza, por los miles de muertos, por el dolor y el
sufrimiento generado por todos aquellos que intentan mantener la guerra abierta
para sus propios y perversos intereses; por la repercusión del conflicto sobre
países vecinos como Qatar o Irán; y por las innumerables protestas y
manifestaciones mundiales contra el mismo que originó, incluidas flotillas
humanitarias; y por demostrar la amnesia mundial ante otros genocidios y
conflictos contemporáneos como los de Siria, Yemen, Sudán, Afganistán, o la
misma guerra de Ucrania que sigue abierta a nuestras puertas.
Pero hay que reconocer que este año,
si ha habido un protagonista que ha acabado por devorar a todo el resto de
titulares de los informativos, en muchos casos por introducirse él mismo en las
noticias, ese ha sido el presidente americano aspirante al premio Nobel de la
Paz.
Y así, aparte de las noticias
locales, muy importantes para nosotros, el que nunca ha salido de las portadas,
por una cosa o por otra, ha sido el señor Trump.
Y lo ha conseguido, desde el mismo
momento en que juró el cargo, achacándoles accidentes aéreos a Biden y Obama, y amenazando con invadir Canadá y Groenlandia (para anexionárselas) y a México
para acabar con la inmigración ilegal y el narcotráfico; Posteriormente subiendo aranceles a
medio mundo y amenazando con duplicarlos al otro medio, y cabreándose porque se
los subían a él; Mandando a las mujeres trans a las cárceles de hombres y
deportando a todo inmigrante ilegal y hasta legal que caía en sus manos, y
haciéndolo aún en contra de sentencias judiciales; Justificando el asesinato y
descuartizamiento de periodistas por parte de aliados e invitados al despacho
oval diciendo que “son cosas que pasan”; Y hasta siendo la causa de la dimisión
de la cúpula de la BBC, por la manipulación de su discurso en un documental
sobre el asalto al Capitolio.
Luego, según él mismo, en su carrera
al premio Nobel de la Paz, ha solucionado, al menos 7 guerras, aparte de la de
Gaza. A saber, Camboya-Tailandia, Kosovo-Serbia, República Democrática del
Congo-Ruanda, Pakistán-India, Israel-Irán, Egipto-Etiopía y Armenia-Azerbaiyán.
Lo cierto es que algunas de esas supuestas guerras son conflictos enconados o
antiguos, que se repiten ocasionalmente, y que ni mucho menos se han logrado
cerrar de forma definitiva, pues apenas se ha conseguido un alto el fuego; En
otros casos, como el de Egipto-Etiopía, son enfrentamientos diplomáticos; y el
de Kosovo-Serbia, que según Trump lo detuvo antes de que empezara, aunque lo
cierto es que la disputa la había paralizado la Unión Europea en 2022, con
incremento de las fuerzas de la OTAN en la zona. Así que “menos lobos
caperucita”.
Eso sí, se ha reunido con Putin
varias veces, primero tras insultar y maltratar a Zelensky en público, y
posteriormente tras alabarlo. Pero la paz de Ucrania, que iba a conseguir en
pocos días, (o apenas 24 horas), se le está atragantando. Y es que, a pesar de las últimas reuniones y contactos, las uvas de
la paz rusa están verdes que no veas.
En cuanto a lo de Gaza, tras hablar
de construir un Resort en la franja, y de varias barbaridades más, es justo
reconocer que ha conseguido un alto el fuego, más o menos no respetado, y la
devolución de los rehenes israelitas que seguían vivos y de buena parte de los
cadáveres de los que habían muerto, a cambio de la liberación de 2000 presos
palestinos. Eso sí, lo hizo dándose todo el boato a sí mismo, y rodeado de un
grupo de presidentes de países “amigos” y cooperantes, que le reían las gracias,
incluido el nuestro que recibió un tirón de orejas y de la italiana que tuvo
que “sufrir” uno de sus piropos.
Y en cuanto a “méritos” para conseguir su anhelado premio Nobel de la Paz, supongo que también contarán su pelea y divorcio con su antiguo aliado Musk; sus enfrentamientos, amenazas e improperios contra la ONU y la Unión Europea; el sacar las tropas a la calle en varios estados norteamericanos, curiosamente gobernados por demócratas, con la excusa de la falta de seguridad y para “liberar las calles de los sintecho”; sus confinamientos y expulsiones sumarias de inmigrantes tanto ilegales como legales, que han ocasionado disturbios de protesta en diferentes lugares de USA, sobre todo en Los Ángeles; los hundimientos y capturas de barcos venezolanos, supuestamente para combatir el narcotráfico en el caribe; sus reiterados planes de anexión de Groenlandia o de intervención militar en México, en Colombia y sobre todo en Venezuela, (donde recién empezado el 2026 la está ejecutando por todo lo alto); sus ataques verbales a periodistas que lo criticaban y a la libertad de expresión en general, que han originado manifestaciones multitudinarias en todas las ciudades de USA, ante las que no tuvo mejor idea que transmutarse, a través de la IA, en una suerte de caganet aéreo con corona que arrojaba a los manifestantes una sustancia “marrón y pringosa”, demostrando así su respeto a la libertad, a sus oponentes políticos y, sobre todo, a sus conciudadanos; y su “regalo navideño” bombardeando supuestos enclaves del EI en Nigeria; todo lo cual, me parece a mí que no le dan muchos puntos para recibir el mencionado premio.
Y como todo eso le ha parecido poco,
aún se ha transmutado en seudocientífico, atacando a las vacunas y metiéndoles
miedo a las embarazadas sobre el paracetamol (posiblemente uno de los fármacos
más seguros); o en arquitecto megalómano, diseñando un salón de baile ruso o
versallesco en la Casa Blanca para celebrar sus éxitos y eventos; o en
comerciante veneciano, recorriendo medio mundo hasta llegar incluso a la
pérfida China, para, presionando, alagando o amenazando, conseguir contratos de
toda clase de tierras raras.
Vamos, que se ha prodigado por
doquier... Pobre doquier...
Y finalmente 2025 será recordado como
el año en que el cometa 3I Atlas visitó nuestro sistema solar, y después de que
elucubráramos con que si era una nave extraterrestre, un cuerpo harto extraño y
peculiar o vaya usted a saber qué cosa, se acabó alejando sin amenazar con
traernos aliens, ni chocar contra nosotros, ni nada.
Vamos, que este año también será
recordado por el año en que muchos echamos de menos la llegada del meteorito.
Publicado por
Balder
Bravo, una descripción perfecta. 👏🏼👏🏼
ResponderEliminar