domingo, 4 de enero de 2026

El año de Trump

          Cuando los historiadores del futuro, (ya sean humanos o IAs), hablen o escriban sobre este 2025 que acaba de concluir, tendrán muchos temas que comentar, independientemente del punto de vista desde el que lo hagan.

          Dirán que el año comenzó apuntando maneras, como todos, con muertos por manejo irresponsable de la pirotecnia en Alemania, con nuevos fallecidos por un atropello múltiple, está vez en Nueva Orleans, y con el nacimiento de un bebé en una patera el día de Reyes, (magnífica metáfora del mundo en el que vivimos).


          Sobre España, supongo que dirán que este fue el año del apagón, que nos hizo comprobar lo débiles que somos y lo dependientes que nos hemos vuelto de la electricidad y de las tecnologías; y del que, a estas fechas, todavía no sabemos con seguridad por qué se produjo.

          El año de nuevos incendios asoladores, y especialmente dolorosos, bajo la desidia y la inacción de nuestros próceres. Aunque desgraciadamente no fueron los únicos en el mundo, (y sino que se lo pregunten a los californianos o a los australianos, con el sacrificio de koalas incluido); Aunque, por su frecuencia anual, ya casi no son noticia, a pesar de arrebatar vidas, haciendas e ilusiones, de dañar bienes patrimonio de la humanidad como la Mezquita de Córdoba, y de destruir espléndidos paisajes naturales.

          El año en que hubo de nuevo y hasta el último momento, inundaciones y borrascas devastadoras, (que tampoco fueron las únicas en el mundo), con pérdidas de vidas humanas, (aunque menos que en otros periodos, porque el año precedente ya había cubierto el cupo de sobra), y con enormes pérdidas materiales.

          El año de detenciones y procesos judiciales inauditos, en los que vimos desde interrogatorios nefastos de jueces machirulos, a comparecer como acusados al fiscal general del estado (que finalmente fue inhabilitado), al expresidente de la federación española de fútbol, a antiguos ministros y a sus chóferes, a políticos de todos los colores, a altos cargos, a familiares e incluso a familias enteras de políticos, a fontaneras de las cloacas, y hasta a chistorras, lechugas, soles y dientes.

          El año en el que fallaron los trenes una y otra vez, bien por sabotajes y robos de cobre, bien por fallos informáticos, bien por saturación de pasajeros, bien por errores humanos... Pero nunca por la mala previsión de los políticos ni de los responsables directos, en fin...

          El año en que, una vez más, hubo protestas y polémica en Eurovisión, y no por cosas de Divas, sino por la participación de Israel. Lo que finalmente ha supuesto que nosotros dejemos de participar.

          El año en que la Mina se volvió a cobrar su cuota de vidas y de sangre en Asturias, (y también en otras partes del mundo, como en Mali, donde otros dos accidentes en sendas minas arrebataron la vida a más de 60 personas, muchas de ellas mujeres).

          Además, ha sido el año de otras pérdidas de vidas humanas en derrumbes de naves agrícolas, naufragios de pesqueros y barcos turísticos, avalanchas, y de las de diversos profesionales mientras trabajaban.

          El año en que se descubrió la casa de los horrores en Oviedo, con tres menores encerrados desde hacía años por sus progenitores, que no padres, entre basura, medicamentos y maltratos, y donde la miseria y la maldad humana demostraron que aún pueden dar una vuelta de tuerca más.

          El año en que hubo que repatriar a un grupo de compatriotas que intentaban trabajar en Libia cuando la situación en el país norteafricano se volvió más inestable si cabe.

          El año en que estalló la crisis de las personas sin hogar en el aeropuerto de Barajas, donde pernoctaban no sólo marginales, sino trabajadores en paro, demandantes de asilo, desahuciados, etc; Y en el que, para nuestra vergüenza, la solución no fue buscarles una vivienda digna, sino dificultarles el acceso primero, y finalmente expulsarlos del aeropuerto, mientras las diferentes administraciones discutían sobre quien tenía que resolver el problema, e incluso finalmente cerrar el centro de emergencia temporal donde inicialmente se les había reubicado. Y que cada uno se vuelva a buscar la vida.

          No fue la última expulsión de este tipo, que en Badalona, cerca de Navidad, se desalojó a medio millar de emigrantes obligando a muchos de ellos, en lo más crudo del invierno, a refugiarse bajo un puente, y es que no había sitio para ellos en ninguna posada

          El año en que, a raíz de la dimisión de Noelia Núñez por el falseamiento de su curriculum académico, hubo una revisión general de las titulaciones de nuestros congresistas, y donde a más de uno le sacaron los colores y los títulos de los currículos previamente presentados.

          El año en que siguió sin resolverse el problema de reparto de menores inmigrantes entre las diferentes comunidades, dejándole la responsabilidad y el problema a Canarias. Porque a muchos se les llena la boca a la hora de pedir prebendas para su terruño o al hablar de solidaridad interterritorial, pero que, cuando hay que arrimar el hombro, dicen aquello de “pasa tu primero que a mí me da la risa”. Y el año que hubo polémica sobre la celebración de fiestas religiosas en público.

          El año en que, a raíz de la participación de un equipo israelita en la vuelta ciclista a España, esta estuvo envuelta en protestas y polémica, llegando a tener que recortar etapas y a tener que suspender la última, en lo que fue un éxito para los manifestantes propalestina-antiisrael, y un fracaso para el deporte.

          El año que ha sido especialmente nefasto para las mujeres, pues además de las 47 asesinadas por violencia de género y de los múltiples casos de acoso y abuso que siguen saliendo a la luz, ha sido el año en que se han descubierto los defectos en las pulseras telemáticas de maltratadores, que dejaron a muchas mujeres expuestas y en peligro; y el año en que se han descubierto los fallos en el cribado del cáncer de mama en Andalucía, con, posiblemente, más de 2300 mujeres afectadas. Y es que descuidar la sanidad pública es descuidar la salud. Y la salud es un derecho, no un privilegio.

          El año en que se volvió a filtrar el contenido del correo de nuestro presidente y de varios ministros, (a saber lo que les encontraron), en que Fran de la jungla destapó sus miserias y en el que dejamos de comprar y vender armas a Israel, más o menos.

          El año en que los médicos volvieron a salir a la calle reclamando un estatuto propio, la desaparición de las guardias de 24 horas y, aunque muchos lo pongan en duda, en defensa de la sanidad pública y de los pacientes. Mientras salía a la luz el escándalo de ciertas compañías sanitarias privadas que ponían en riesgo a sus pacientes a costa de mantener sus beneficios. Y todo eso tras que los consejeros de sanidad de las comunidades autónomas gobernadas por el PP dejaran plantada a la ministra de sanidad, aunque más por motivos políticos que sanitarios.

          El año en que se cumplió el aniversario de la DANA y en el que se celebró el funeral de estado por las víctimas, en medio de dolor, de la tensión, y del cabreo monumental del personal, lo que finalmente acabó provocando la dimisión de Mazón, no sin tiempo, pero sí sin explicaciones convincentes.

          El año en que el emérito publicó sus memorias, en Francia, y es que algunos borbones siempre tienden a sus borbonadas...

          El año en que el bullying volvió a cobrarse otra víctima, y en el que todos volvimos a rasgarnos las vestiduras después, en lugar de tomar medidas antes.

          El año en que se agitó el mundo del espectáculo español con presentaciones espectaculares como Lux de Rosalía, o con sonadas separaciones, como la de los Javis, la de Andy, Lucas y su nariz, o la de Van Gogh y su Oreja, (o con su reencuentro). O con la despedida de los escenarios de Sabina, el poeta de los derrotados, (que no vencidos), y de la voz rota... Pongamos que hablo de Madrid...

          El año en que las pandemias animales, como la gripe aviar y la peste porcina, volvieron a amenazar nuestra industria ganadera y nuestra economía, tanto la doméstica como la nacional. Y hablando de pestes porcinas, el año de las denuncias por acoso contra Paco Salazar y contra otros muchos políticos, (tanto vivos como muertos), y de la filtración de los audios vergonzosos de Ábalos sobre diferentes mujeres.

          El año en que el obispo de Cádiz dimitió por edad, aunque bajo la sospecha de haber cometido abusos cuando dirigía el Seminario de Getafe.  

         Y el año en que el PP volvió a ganar las elecciones en Extremadura, bajo la mirada vigilante de Vox, esta vez sí que recibiendo la mayoría de los votos.

          Y el año en que, definitivamente, se retiró Nadal y en el que le dieron un merecidísimo homenaje en Roland Garros.

          También fue el año del 50 aniversario de la muerte de Franco y por consiguiente del inicio de la transición.


          En el resto del mundo, este año será recordado por la muerte del papa Francisco, de grata memoria, y por el cónclave consiguiente en el que fue elegido León XIV, el primer papá estadounidense, menos mediático y por lo tanto menos controvertido que su predecesor.

          Por ser el año en que volvió a tomar posesión del cargo tras su “reelección” Maduro, y en el que volvió a haber elecciones en Venezuela en medio de protestas y polémicas.

          Por ser otro año en el que se repitieron tiroteos, apuñalamientos y atropellos múltiples en todo el mundo, sobre todo, y para no variar, en USA.

          Por ser el año en que una mujer trans, y además española, fue invalidada en los oscars, no por su condición, sino por antiguas declaraciones, cuando menos, políticamente incorrectas.

          El año en que vimos crecer a la extrema derecha en diferentes elecciones en el mundo.

          El año en el que, ante la guerra de Ucrania y las amenazas de Putin con drones, aviones y demás, se remilitarizó Europa a niveles similares a los previos a la segunda guerra mundial.

          También será recordado por ser un año de grandes terremotos, como el de Kamchatka de 8,8 grados, (lo que es una barbaridad), o el de Myanmar en el que hubo más de 5000 muertos y más de 11000 heridos, o el de Afganistán, donde, aparte de la destrucción y de los más de 2000 muertos y más de 4000 heridos, volvió a salir a la luz la miseria de los talibanes, pues muchas mujeres dejaron de ser atendidas y aún rescatadas por la prohibición de que fuesen tocadas por varones que no fueran de 

su familia...

          El año de otras múltiples catástrofes, como la explosión en el puerto de Bandar Abbas en Irán con más de 60 muertos, incendios como el de Hong Kong con más de 140 fallecidos, o los ya citados de California y Australia, accidentes aéreos, huracanes, inundaciones y catástrofes climáticas de todo tipo, y del goteo continuo de inmigrantes muertos en el Mediterráneo y en el Atlántico.

          El año en que robaron en el Louvre una colección de joyas, poniendo en evidencia sus medidas de seguridad y generando gran regocijo en los memes y en las redes sociales.

          Y sin salir de Francia, el año en que vimos entrar a un expresidente de la República, Sarkozy, en la cárcel, eso sí, con el libro “el conde de Montecristo” bajo el brazo, no sé si de forma reivindicativa de su inocencia o como apuntes para un plan de fuga. No sería el único expresidente detenido, que poco después vimos en Brasil entrar en prisión a Bolsonaro, tras ser condenado por golpismo e intentar quitarse el dispositivo de seguridad de su tobillo.

          El año en que Milei ganó su “plebiscito”, en parte gracias al apoyo de Trump.

          El año en que volvió a salir a la luz toda la vileza de la que es capaz el autoproclamado “Homo sapiens”, al destaparse los llamados “safaris humanos”, en los que canallas adinerados pagaban por “cazar” a civiles desarmados en la guerra de Yugoslavia, en Sarajevo. Y es que la perversidad humana todavía es capaz de sorprendernos, para mal.

          El año en que fue elegido como alcalde de Nueva York un inmigrante, musulmán y socialista, Zohran Mamdani, con gran disgusto por parte de Trump.

          Y el año en que China desplegó un ejército de robots humanoides tanto para la defensa de algunas de sus fronteras como para trabajar en la industria y en las tareas domésticas... Quo vadis humanitas”. 

          Pero sobre todo este año será recordado por la prosecución del genocidio en Gaza, por los miles de muertos, por el dolor y el sufrimiento generado por todos aquellos que intentan mantener la guerra abierta para sus propios y perversos intereses; por la repercusión del conflicto sobre países vecinos como Qatar o Irán; y por las innumerables protestas y manifestaciones mundiales contra el mismo que originó, incluidas flotillas humanitarias; y por demostrar la amnesia mundial ante otros genocidios y conflictos contemporáneos como los de Siria, Yemen, Sudán, Afganistán, o la misma guerra de Ucrania que sigue abierta a nuestras puertas.


          Pero hay que reconocer que este año, si ha habido un protagonista que ha acabado por devorar a todo el resto de titulares de los informativos, en muchos casos por introducirse él mismo en las noticias, ese ha sido el presidente americano aspirante al premio Nobel de la Paz.

          Y así, aparte de las noticias locales, muy importantes para nosotros, el que nunca ha salido de las portadas, por una cosa o por otra, ha sido el señor Trump.

          Y lo ha conseguido, desde el mismo momento en que juró el cargo, achacándoles accidentes aéreos a Biden y Obama, y amenazando con invadir Canadá y Groenlandia (para anexionárselas) y a México para acabar con la inmigración ilegal y el narcotráfico; Posteriormente subiendo aranceles a medio mundo y amenazando con duplicarlos al otro medio, y cabreándose porque se los subían a él; Mandando a las mujeres trans a las cárceles de hombres y deportando a todo inmigrante ilegal y hasta legal que caía en sus manos, y haciéndolo aún en contra de sentencias judiciales; Justificando el asesinato y descuartizamiento de periodistas por parte de aliados e invitados al despacho oval diciendo que “son cosas que pasan”; Y hasta siendo la causa de la dimisión de la cúpula de la BBC, por la manipulación de su discurso en un documental sobre el asalto al Capitolio. 

          Luego, según él mismo, en su carrera al premio Nobel de la Paz, ha solucionado, al menos 7 guerras, aparte de la de Gaza. A saber, Camboya-Tailandia, Kosovo-Serbia, República Democrática del Congo-Ruanda, Pakistán-India, Israel-Irán, Egipto-Etiopía y Armenia-Azerbaiyán. Lo cierto es que algunas de esas supuestas guerras son conflictos enconados o antiguos, que se repiten ocasionalmente, y que ni mucho menos se han logrado cerrar de forma definitiva, pues apenas se ha conseguido un alto el fuego; En otros casos, como el de Egipto-Etiopía, son enfrentamientos diplomáticos; y el de Kosovo-Serbia, que según Trump lo detuvo antes de que empezara, aunque lo cierto es que la disputa la había paralizado la Unión Europea en 2022, con incremento de las fuerzas de la OTAN en la zona. Así que “menos lobos caperucita”.

          Eso sí, se ha reunido con Putin varias veces, primero tras insultar y maltratar a Zelensky en público, y posteriormente tras alabarlo. Pero la paz de Ucrania, que iba a conseguir en pocos días, (o apenas 24 horas), se le está atragantando. Y es que, a pesar de las últimas reuniones y contactos, las uvas de la paz rusa están verdes que no veas.

          En cuanto a lo de Gaza, tras hablar de construir un Resort en la franja, y de varias barbaridades más, es justo reconocer que ha conseguido un alto el fuego, más o menos no respetado, y la devolución de los rehenes israelitas que seguían vivos y de buena parte de los cadáveres de los que habían muerto, a cambio de la liberación de 2000 presos palestinos. Eso sí, lo hizo dándose todo el boato a sí mismo, y rodeado de un grupo de presidentes de países “amigos” y cooperantes, que le reían las gracias, incluido el nuestro que recibió un tirón de orejas y de la italiana que tuvo que “sufrir” uno de sus piropos.

          Y en cuanto a “méritos” para conseguir su anhelado premio Nobel de la Paz, supongo que también contarán su pelea y divorcio con su antiguo aliado Musk; sus enfrentamientos, amenazas e improperios contra la ONU y la Unión Europea; el sacar las tropas a la calle en varios estados norteamericanos, curiosamente gobernados por demócratas, con la excusa de la falta de seguridad y para “liberar las calles de los sintecho”; sus confinamientos y expulsiones sumarias de inmigrantes tanto ilegales como legales, que han ocasionado disturbios de protesta en diferentes lugares de USA, sobre todo en Los Ángeles; los hundimientos y capturas de barcos venezolanos, supuestamente para combatir el narcotráfico en el caribe; sus reiterados planes de anexión de Groenlandia o de intervención militar en México, en Colombia y sobre todo en Venezuela, (donde recién empezado el 2026 la está ejecutando por todo lo alto); sus ataques verbales a periodistas que lo criticaban y a la libertad de expresión en general, que han originado manifestaciones multitudinarias en todas las ciudades de USA, ante las que no tuvo mejor idea que transmutarse, a través de la IA, en una suerte de caganet aéreo con corona que arrojaba a los manifestantes una sustancia “marrón y pringosa”, demostrando así su respeto a la libertad, a sus oponentes políticos y, sobre todo, a sus conciudadanos; y su “regalo navideño” bombardeando supuestos enclaves del EI en Nigeria; todo lo cual, me parece a mí que no le dan muchos puntos para recibir el mencionado premio.

          Y como todo eso le ha parecido poco, aún se ha transmutado en seudocientífico, atacando a las vacunas y metiéndoles miedo a las embarazadas sobre el paracetamol (posiblemente uno de los fármacos más seguros); o en arquitecto megalómano, diseñando un salón de baile ruso o versallesco en la Casa Blanca para celebrar sus éxitos y eventos; o en comerciante veneciano, recorriendo medio mundo hasta llegar incluso a la pérfida China, para, presionando, alagando o amenazando, conseguir contratos de toda clase de tierras raras.

          Vamos, que se ha prodigado por doquier... Pobre doquier...


          Y finalmente 2025 será recordado como el año en que el cometa 3I Atlas visitó nuestro sistema solar, y después de que elucubráramos con que si era una nave extraterrestre, un cuerpo harto extraño y peculiar o vaya usted a saber qué cosa, se acabó alejando sin amenazar con traernos aliens, ni chocar contra nosotros, ni nada.

          Vamos, que este año también será recordado por el año en que muchos echamos de menos la llegada del meteorito.

 

 

 

 

Publicado por Balder


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